ALIMENTOS Y ALIMENTACIÓN EN FRAILES EN EL SIGLO XIX

Es una constante en el comportamiento del ser humano la gran curiosidad por ir desentrañando los secretos que les rodean y la actitud de buscar aplicaciones inmediatas a los conocimientos que va adquiriendo. Los alimentos no iban a ser una excepción y desde los tiempos más remotos se fueron aplicando técnicas para mejorar su digestibilidad, variar su sabor y evitar su deterioro, técnicas descubiertas por el uso, la observación y el azar y sin que se supieran los principios científicos en que se basaban.

Conocido es el empleo de la liofilización por los Incas, o las composiciones escultóricas de pequeño tamaño, que representan factorías en las que se fabrica pan, cerveza, salazones, o secado de pescado al sol. Los romanos introdujeron la salmuera y el vinagre como conservantes, inventando el escabechado. Otros conservantes existentes en algunas especies vegetales como la canela y el clavo, que explican los viajes de Marco Polo en su búsqueda. Los romanos son responsables también de llevar el cultivo de la vid, que tomaron de Grecia, a los países que conquistaban y de enseñarles a producir vino.

La Europa medieval añadió el ahumado, extendió la cría del cerdo y nació una incipiente industria de la charcutería y la chacinería, además comercializó el arenque en salazón que se transportaba en barricas de madera. En la alta Edad Media, la Europa del norte, que venía produciendo cerveza en las casas de forma artesanal, abandonó en gran parte esta costumbre para crear las primeras factorías industriales de cerveza y en este contexto comenzaron a fabricarse industrialmente por primera vez las variedades estándar de cerveza rubia, y cerveza negra alrededor del año 1400.

La Europa de la Edad Moderna implementa el ahumado del arenque y el salmón a gran escala, así como la salazón del bacalao. Comercializa productos como el café y el cacao, que importa desde América, y fabrica el chocolate. Consume grandes cantidades de azúcar, cuyas propiedades conservantes conoce.

El efecto del frío se conocía desde antiguo en la prolongación de la vida de los alimentos; y se utilizaban el hielo y la nieve dónde los había para la conservación de la carne y el pescado. Es necesario recordar el oficio de nevero de nuestra hermana población de Valdepeñas. La actividad de los neveros artificiales es conocida desde tiempos de los romanos (2000 a. C.); su gran desarrollo tuvo lugar entre los siglos XVI y XIX, y ha sido utilizada hasta mediados del siglo XX, cuando, con la aparición de los primeros frigoríficos, caen en desuso. Los trabajos en los neveros comenzaban en primavera después de las últimas nevadas. Cortaban la nieve con palas y la llevaban a los pozos de nieve, donde la prensaban para convertirla en hielo. Al pisar la nieve ésta se compactaba con doble finalidad: para disminuir el volumen ocupado y para que se conservara más tiempo en forma de hielo. Después se cubría con tierra, hojas, paja o ramas formando capas de un grosor homogéneo. Ya en verano, se cortaban bloques de hielo que eran transportados a lomos de bestias de tiro (caballos o burros) durante la noche para evitar que se derritiera, hasta los puertos y núcleos urbanos más cercanos donde eran comercializados. Y un ejemplo de nevero es el encontrado en la Mota de Alcalá la Real con unas dimensiones de 9 metros de altura, siendo su espacio de almacenamiento de 6,70 de altura por 6,20 de ancho.

A finales del siglo XIX ya se fabricaba hielo en muchas ciudades y los depósitos que abastecían estos núcleos comenzaron a ser abandonados. A partir de 1900, con la generalización de la electricidad y su utilización en las máquinas de hielo artificial se generalizó aún más la crisis de las neverías. En la etapa 1920-1930 se abandonó en la práctica el comercio de la nieve natural, aunque en algunos pueblos todavía se utilizaría durante el verano hasta mediados del siglo XX. El consumo de hielo y nieve tenía tres utilidades principalmente: la del simple placer de tomar bebidas heladas, la conservación de alimentos como el pescado y la función terapéutica, utilizándose como remedio para cohibir las hemorragias, prevenir inflamaciones, aliviar dolores y sobre todo en casos de peste.

Con la Revolución industrial, la industria alimentaria dejó de ser artesanal para tecnificarse. Actualmente otro factor afecta a la industria alimentaria profundamente. Es el cambio fundamental del papel de la mujer en la sociedad. Con la presencia de ésta en el mundo laboral, fuera del hogar, esta tarea se esta transfiriendo cada vez en mayor grado a la industria alimentaria.

EL SIGLO XIX

Las noticias sobre industria de alimentos en Frailes son escasas. No debemos olvidar que escasean porque ésta era igualmente poca, pero no por ello, haremos un breve estudio de la actividad industrial en la villa. Comenzamos por los datos que nos aporta el padrón de 1753 a fin de establecer una única contribución. Un notable aumento se había producido en la población, pues desde los 68 habitantes de 1587 se había pasado a los 651 fraileros del siglo XVIII. De ellos encontramos que 106 son jornaleros, 16 labradores y 2 ganaderos y el mismo número de pastores; del sector secundario se ocupan: un batanero, un aladrero un maestro herrero, un cardador, un maestro de zapatero y un oficial, y un maestro de sastre. Por lo que respecta al sector servicios queda cubierto con un estanquero de tabacos, un maestro de barbero, y un teniente de cabo de escuadra de milicias.

Ningún dato de fábricas de ningún tipo ni de artesanos que transformen las materias primas, la mayoría son jornaleros, un total de 106, unos solamente tienen sus brazos para subsistir, son los llamados jornaleros mere, mientras que otros tienen un pequeño “peazo” de tierra y son llamados pegujareros. Y 16 son labradores, lo que indica que la agricultura y la ganadería son las tareas a las que la población de mediados del siglo XVIII se dedica mayoritariamente. A mediados del siglo XIX el aumento había sido muy considerable, pues había un total de 2.174 habitantes y se habían diversificado algo más los sectores productivos.

No será hasta que Pascual Madoz publique su Diccionario en 1850 cuando tengamos alguna noticia sobre industrialización en Frailes, así como los productos que se producen en las tierras cultivadas. Dice así: Produce: trigo, cebada, vino, aceite, garbanzos, maíz, habas, escaña, yeros, guijas, lentejas y habichuelas. La mayoría de estos productos iban destinados para el autoconsumo, aunque el excedente se vendía en las poblaciones cercanas como Alcalá la Real, Valdepeñas, o Noalejo. En cuanto a la ganadería nos informa que en su mayoría eran ovejas y cabras, y advierte de la escasez de vacas, caballos, mulos y asnos.

Respecto al arbolado, además del propio del bosque mediterráneo, apto para hacer carbón, en su mayoría encinas y chaparros cuyo picón era tan apreciado en la época. También había algo de frutales aunque advierte que pocos y algunas escasas alamedas.

En el bosque no es de extrañar que hubiese caza mayor. Se cazaban ciervos, venados, etc. Aunque a mediados del siglo XIX debido a la roturaciones para puestas en cultivo de cereal y al carboneo había prácticamente desaparecido. Aunque se mantienen conejos y liebres, siendo importantes la población de lobos y zorros. No es de extrañar la cantidad de ordenanzas que se dan para que todo aquel que mate un zorro o un lobo reciba una cantidad pecuniaria que varía según la época.

Nos informa Madoz que: se han beneficiado sin resultado alguno dos minas, una de alcohol en el Cerrillo Colomo a 200 pasos al sur de la población, y otra de hierro en la Cabeza del Moro, que es un cerro continuación de la Martína a ¼ de legua al oeste. Las minas de alcohol (kauhut) se conocen desde la época musulmana. Los autores andalusíes cuentan que del Jabalcol salía a primeros de mes una galena negra e iba aumentando la producción hasta mediados de mes; su abundante producción servía no sólo para abastecer el consumo nacional sino que se llegaba a exportar al norte de África. De ninguna de éstas dos minas recuerdan los fraileros nada ni saben de su existencia ni localización.

Sí da Madoz abundante información sobre la industria. Dice así: Industria: la agrícola especialmente, una fábrica de aguardiente y otra de jabón blando, cuyos productos se consumen en el pueblo, siendo las primeras materias del mismo; 4 molinos harineros dentro de la población, e impulsados por el agua del nacimiento, una molineta por el de Soto Redondo, 3 molinos aceiteros extramuros, y otro a ¼ de legua al oeste. Por lo que respecta a la fábrica de aguardiente era peligrosas construirlas en el centro de la población pues los calderines podían explotar y producir serios daños. Molinos harineros no se conserva ninguno, una piedra que forma parte de la construcción de una casa y el agua que aún corre en la Plaza de los Toros es el conocido como molino “Chocolate”. Otro molino de harina que también existió hasta bien entrado el siglo XX fue el molino de “Juan Castro”, también aprovechaba los sobrantes del manantial del nacimiento.

Comercio: el trigo, cebada y garbanzos que sobran se exportan a Granada y Málaga, importando de Alcaudete, Castillo de Locubín y otros puntos el aceite y frutas que faltan; y de Alcalá todos los artículos para el vestido, excepto algunos lienzos ordinarios de lino o cáñamo. En éste tráfico se ocupan algunos arrieros.

En el libro de Actas del Archivo Municipal de Frailes (AMF) de 1861 a petición del gobierno de la provincia se informa del estado de los bienes de propios y de las principales producciones que había en la villa, pues se había emancipado en 1835 de Alcalá y conformado su término municipal con tierras de monte. Pueblo nuevo la Villa de Frailes, puesto que no otra cosa era al principio del presente siglo …. Sus terrenos entonces de inferior calidad en sierra o improductivos para otro ramo de la agricultura que no fuese la cría de ganado. … se han hecho considerables desmontes, la tierra se ha poblado de vides y provech, se han provechado las aguas abandonadas y se han mejorado los terrenos dedicados a la producción de cereales, y estas han sido las causas de que la población haya crecido en vecindario y riqueza.

Haciendo un recorrido por enciclopedias de los siglos XIX y XX, descubrimos que en el año 1884 la principal producción era de trigo y cebada. Un dato cuando menos muy curioso es que en Frailes se producían los mejores garbanzos de Andalucía. Siete años más tarde, el Diccionario Enciclopédico de Montaner y Simón nos informa que entre las principales producciones esta la de los cereales, y añade las almendras, frutales y hortalizas. En la Espasa que se publicó en los inicios del siglo XX se dice que la principal producción era de cereales, aunque añade los ya famosos garbanzos y aceite; y respecto a la ganadería la nombra y añade la industria de jamón.

Antonio Guardia Castellano en su libro Leyendas y notas para la historia de Alcalá la Real, publicado en 1913 es explicito cuando se refiere a la producción agrícola de Frailes: Su término produce trigo, cebada, vino, aceite, maíz, y toda clase de semillas y con especialidad el garbanzo que es muy apreciado por su excelente calidad …. Y sus jamones gocen de gran fama en las provincias andaluzas.

El secreto de su calidad no está determinado, es más bien una conjunción de circunstancias: el clima, la tierra y, especialmente, que eran de secano, de escasas proporciones, aunque también se valoraban los “gordos”. El cultivo del garbanzo estaba rodeado de un mar de dificultades: el terreno en repecho, polvoriento, se echaba la semilla en surcos de arado de yuntas, había que limpiarlo de maleza y plagas varias veces antes de la recogida. Tarea, ésta, penosa en manos de mujeres que doblaban la espalda antes del amanecer para esquivar el sol abrasador potenciado por el picor del salitre en contacto con el sudor de las braceras. Las manos acababan sangrantes y atenazados los dedos. Aun así, hemos disfrutado de casi un siglo en el que la base de la alimentación de muchas casas han sido los garbanzos, que a tenor de la imaginación y pericia del cocinero, han alegrado muchas mesas cuando no había mucho de qué alegrarse.

¿Quién no recuerda el aroma de una buena olla de garbanzos haciéndose a fuego lento en un sonoro cloc, cloc con sus huesos de espinazo, costillas, tocino, morcilla y un trozo de calabaza o unas vainas de habichuelas verdes, según la época del año. ¿Quién no contempló por la mañana los garbanzos que se salían del cacharro en el que estaban en agua desde la noche anterior? Ya presagiaban el contundente manjar que se avecinaba para el almuerzo. ¿Quién no recuerda el obligado trueque de garbanzos crudos por “garbanzos tostaos”, blancos-inmaculados con su capa de “yeso” que distraían la tarde de paseo o al amor de la lumbre?

ALIMENTOS Y ALIMENTACIÓN EN FRAILES EN EL SIGLO XIX

Es una constante en el comportamiento del ser humano la gran curiosidad por ir desentrañando los secretos que les rodean y la actitud de buscar aplicaciones inmediatas a los conocimientos que va adquiriendo. Los alimentos no iban a ser una excepción y desde los tiempos más remotos se fueron aplicando técnicas para mejorar su digestibilidad, variar su sabor y evitar su deterioro, técnicas descubiertas por el uso, la observación y el azar y sin que se supieran los principios científicos en que se basaban.

Conocido es el empleo de la liofilización por los Incas, o las composiciones escultóricas de pequeño tamaño, que representan factorías en las que se fabrica pan, cerveza, salazones, o secado de pescado al sol. Los romanos introdujeron la salmuera y el vinagre como conservantes, inventando el escabechado. Otros conservantes existentes en algunas especies vegetales como la canela y el clavo, que explican los viajes de Marco Polo en su búsqueda. Los romanos son responsables también de llevar el cultivo de la vid, que tomaron de Grecia, a los países que conquistaban y de enseñarles a producir vino.

La Europa medieval añadió el ahumado, extendió la cría del cerdo y nació una incipiente industria de la charcutería y la chacinería, además comercializó el arenque en salazón que se transportaba en barricas de madera. En la alta Edad Media, la Europa del norte, que venía produciendo cerveza en las casas de forma artesanal, abandonó en gran parte esta costumbre para crear las primeras factorías industriales de cerveza y en este contexto comenzaron a fabricarse industrialmente por primera vez las variedades estándar de cerveza rubia, y cerveza negra alrededor del año 1400.

La Europa de la Edad Moderna implementa el ahumado del arenque y el salmón a gran escala, así como la salazón del bacalao. Comercializa productos como el café y el cacao, que importa desde América, y fabrica el chocolate. Consume grandes cantidades de azúcar, cuyas propiedades conservantes conoce.

El efecto del frío se conocía desde antiguo en la prolongación de la vida de los alimentos; y se utilizaban el hielo y la nieve dónde los había para la conservación de la carne y el pescado. Es necesario recordar el oficio de nevero de nuestra hermana población de Valdepeñas. La actividad de los neveros artificiales es conocida desde tiempos de los romanos (2000 a. C.); su gran desarrollo tuvo lugar entre los siglos XVI y XIX, y ha sido utilizada hasta mediados del siglo XX, cuando, con la aparición de los primeros frigoríficos, caen en desuso. Los trabajos en los neveros comenzaban en primavera después de las últimas nevadas. Cortaban la nieve con palas y la llevaban a los pozos de nieve, donde la prensaban para convertirla en hielo. Al pisar la nieve ésta se compactaba con doble finalidad: para disminuir el volumen ocupado y para que se conservara más tiempo en forma de hielo. Después se cubría con tierra, hojas, paja o ramas formando capas de un grosor homogéneo. Ya en verano, se cortaban bloques de hielo que eran transportados a lomos de bestias de tiro (caballos o burros) durante la noche para evitar que se derritiera, hasta los puertos y núcleos urbanos más cercanos donde eran comercializados. Y un ejemplo de nevero es el encontrado en la Mota de Alcalá la Real con unas dimensiones de 9 metros de altura, siendo su espacio de almacenamiento de 6,70 de altura por 6,20 de ancho.

A finales del siglo XIX ya se fabricaba hielo en muchas ciudades y los depósitos que abastecían estos núcleos comenzaron a ser abandonados. A partir de 1900, con la generalización de la electricidad y su utilización en las máquinas de hielo artificial se generalizó aún más la crisis de las neverías. En la etapa 1920-1930 se abandonó en la práctica el comercio de la nieve natural, aunque en algunos pueblos todavía se utilizaría durante el verano hasta mediados del siglo XX. El consumo de hielo y nieve tenía tres utilidades principalmente: la del simple placer de tomar bebidas heladas, la conservación de alimentos como el pescado y la función terapéutica, utilizándose como remedio para cohibir las hemorragias, prevenir inflamaciones, aliviar dolores y sobre todo en casos de peste.

Con la Revolución industrial, la industria alimentaria dejó de ser artesanal para tecnificarse. Actualmente otro factor afecta a la industria alimentaria profundamente. Es el cambio fundamental del papel de la mujer en la sociedad. Con la presencia de ésta en el mundo laboral, fuera del hogar, esta tarea se esta transfiriendo cada vez en mayor grado a la industria alimentaria.

ELSIGLO XIX

Las noticias sobre industria de alimentos en Frailes son escasas. No debemos olvidar que escasean porque ésta era igualmente poca, pero no por ello, haremos un breve estudio de la actividad industrial en la villa. Comenzamos por los datos que nos aporta el padrón de 1753 a fin de establecer una única contribución. Un notable aumento se había producido en la población, pues desde los 68 habitantes de 1587 se había pasado a los 651 fraileros del siglo XVIII. De ellos encontramos que 106 son jornaleros, 16 labradores y 2 ganaderos y el mismo número de pastores; del sector secundario se ocupan: un batanero, un aladrero un maestro herrero, un cardador, un maestro de zapatero y un oficial, y un maestro de sastre. Por lo que respecta al sector servicios queda cubierto con un estanquero de tabacos, un maestro de barbero, y un teniente de cabo de escuadra de milicias.

Ningún dato de fábricas de ningún tipo ni de artesanos que transformen las materias primas, la mayoría son jornaleros, un total de 106, unos solamente tienen sus brazos para subsistir, son los llamados jornaleros mere, mientras que otros tienen un pequeño “peazo” de tierra y son llamados pegujareros. Y 16 son labradores, lo que indica que la agricultura y la ganadería son las tareas a las que la población de mediados del siglo XVIII se dedica mayoritariamente. A mediados del siglo XIX el aumento había sido muy considerable, pues había un total de 2.174 habitantes y se habían diversificado algo más los sectores productivos.

No será hasta que Pascual Madoz publique su Diccionario en 1850 cuando tengamos alguna noticia sobre industrialización en Frailes, así como los productos que se producen en las tierras cultivadas. Dice así: Produce: trigo, cebada, vino, aceite, garbanzos, maíz, habas, escaña, yeros, guijas, lentejas y habichuelas. La mayoría de estos productos iban destinados para el autoconsumo, aunque el excedente se vendía en las poblaciones cercanas como Alcalá la Real, Valdepeñas, o Noalejo. En cuanto a la ganadería nos informa que en su mayoría eran ovejas y cabras, y advierte de la escasez de vacas, caballos, mulos y asnos.

Respecto al arbolado, además del propio del bosque mediterráneo, apto para hacer carbón, en su mayoría encinas y chaparros cuyo picón era tan apreciado en la época. También había algo de frutales aunque advierte que pocos y algunas escasas alamedas.

En el bosque no es de extrañar que hubiese caza mayor. Se cazaban ciervos, venados, etc. Aunque a mediados del siglo XIX debido a la roturaciones para puestas en cultivo de cereal y al carboneo había prácticamente desaparecido. Aunque se mantienen conejos y liebres, siendo importantes la población de lobos y zorros. No es de extrañar la cantidad de ordenanzas que se dan para que todo aquel que mate un zorro o un lobo reciba una cantidad pecuniaria que varía según la época.

Nos informa Madoz que: se han beneficiado sin resultado alguno dos minas, una de alcohol en el Cerrillo Colomo a 200 pasos al sur de la población, y otra de hierro en la Cabeza del Moro, que es un cerro continuación de la Martína a ¼ de legua al oeste. Las minas de alcohol (kauhut) se conocen desde la época musulmana. Los autores andalusíes cuentan que del Jabalcol salía a primeros de mes una galena negra e iba aumentando la producción hasta mediados de mes; su abundante producción servía no sólo para abastecer el consumo nacional sino que se llegaba a exportar al norte de África. De ninguna de éstas dos minas recuerdan los fraileros nada ni saben de su existencia ni localización.

Sí da Madoz abundante información sobre la industria. Dice así: Industria: la agrícola especialmente, una fábrica de aguardiente y otra de jabón blando, cuyos productos se consumen en el pueblo, siendo las primeras materias del mismo; 4 molinos harineros dentro de la población, e impulsados por el agua del nacimiento, una molineta por el de Soto Redondo, 3 molinos aceiteros extramuros, y otro a ¼ de legua al oeste. Por lo que respecta a la fábrica de aguardiente era peligrosas construirlas en el centro de la población pues los calderines podían explotar y producir serios daños. Molinos harineros no se conserva ninguno, una piedra que forma parte de la construcción de una casa y el agua que aún corre en la Plaza de los Toros es el conocido como molino “Chocolate”. Otro molino de harina que también existió hasta bien entrado el siglo XX fue el molino de “Juan Castro”, también aprovechaba los sobrantes del manantial del nacimiento.

Comercio: el trigo, cebada y garbanzos que sobran se exportan a Granada y Málaga, importando de Alcaudete, Castillo de Locubín y otros puntos el aceite y frutas que faltan; y de Alcalá todos los artículos para el vestido, excepto algunos lienzos ordinarios de lino o cáñamo. En éste tráfico se ocupan algunos arrieros.

En el libro de Actas del Archivo Municipal de Frailes (AMF) de 1861 a petición del gobierno de la provincia se informa del estado de los bienes de propios y de las principales producciones que había en la villa, pues se había emancipado en 1835 de Alcalá y conformado su término municipal con tierras de monte. Pueblo nuevo la Villa de Frailes, puesto que no otra cosa era al principio del presente siglo …. Sus terrenos entonces de inferior calidad en sierra o improductivos para otro ramo de la agricultura que no fuese la cría de ganado. … se han hecho considerables desmontes, la tierra se ha poblado de vides y provech, se han provechado las aguas abandonadas y se han mejorado los terrenos dedicados a la producción de cereales, y estas han sido las causas de que la población haya crecido en vecindario y riqueza.

Haciendo un recorrido por enciclopedias de los siglos XIX y XX, descubrimos que en el año 1884 la principal producción era de trigo y cebada. Un dato cuando menos muy curioso es que en Frailes se producían los mejores garbanzos de Andalucía. Siete años más tarde, el Diccionario Enciclopédico de Montaner y Simón nos informa que entre las principales producciones esta la de los cereales, y añade las almendras, frutales y hortalizas. En la Espasa que se publicó en los inicios del siglo XX se dice que la principal producción era de cereales, aunque añade los ya famosos garbanzos y aceite; y respecto a la ganadería la nombra y añade la industria de jamón.

Antonio Guardia Castellano en su libro Leyendas y notas para la historia de Alcalá la Real, publicado en 1913 es explicito cuando se refiere a la producción agrícola de Frailes: Su término produce trigo, cebada, vino, aceite, maíz, y toda clase de semillas y con especialidad el garbanzo que es muy apreciado por su excelente calidad …. Y sus jamones gocen de gran fama en las provincias andaluzas.

El secreto de su calidad no está determinado, es más bien una conjunción de circunstancias: el clima, la tierra y, especialmente, que eran de secano, de escasas proporciones, aunque también se valoraban los “gordos”. El cultivo del garbanzo estaba rodeado de un mar de dificultades: el terreno en repecho, polvoriento, se echaba la semilla en surcos de arado de yuntas, había que limpiarlo de maleza y plagas varias veces antes de la recogida. Tarea, ésta, penosa en manos de mujeres que doblaban la espalda antes del amanecer para esquivar el sol abrasador potenciado por el picor del salitre en contacto con el sudor de las braceras. Las manos acababan sangrantes y atenazados los dedos. Aun así, hemos disfrutado de casi un siglo en el que la base de la alimentación de muchas casas han sido los garbanzos, que a tenor de la imaginación y pericia del cocinero, han alegrado muchas mesas cuando no había mucho de qué alegrarse.

¿Quién no recuerda el aroma de una buena olla de garbanzos haciéndose a fuego lento en un sonoro cloc, cloc con sus huesos de espinazo, costillas, tocino, morcilla y un trozo de calabaza o unas vainas de habichuelas verdes, según la época del año. ¿Quién no contempló por la mañana los garbanzos que se salían del cacharro en el que estaban en agua desde la noche anterior? Ya presagiaban el contundente manjar que se avecinaba para el almuerzo. ¿Quién no recuerda el obligado trueque de garbanzos crudos por “garbanzos tostaos”, blancos-inmaculados con su capa de “yeso” que distraían la tarde de paseo o al amor de la lumbre?

La producción agrícola y los productos derivados de ella son la principal riqueza de este municipio, sin olvidar la ganadería y los que deviene de ella, a saber, la carne, lana y leche. Extraño cuando menos es, que nada se diga del queso, tal vez porque su producción estaba más encaminada a satisfacer el auto consumo que a la venta del excedente. Bien es verdad que desde tiempo inmemorial los corderos y chotos criados en Frailes han tenido renombre por su exquisitez, al igual que los quesos y “recocios” que se vendían en los cortijos de nuestra sierra.

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