LA VIRGEN DE LA CABEZA DE FRAILES Y LA ERMITA QUE LA CUSTODIA

Cuando se acerca el mes de abril ya se hace indispensable hablar de la Virgen de la Cabeza a la que en estos duros momentos de confinamiento por el maldito covid-19, nos encomendamos de corazón. Y como cronista de Frailes no podía dejar pasar la oportunidad de pregonar como en Frailes se le quiere y venera a esta “pequeñita aceitunita” que a lo largo de los siglos arropa con su manto a tantas generaciones de agricultores y ganaderos, sostén y puntal económico de estas tierras.

La devoción a la Virgen de la Cabeza es antigua, como lo es en toda la comarca. Las visitas al santuario de Andújar desde la Villa de Frailes, eran frecuentes. Se iba a pedir la bendición de María para las tierras, que fueran generosas en productos, la salud para el cuerpo y el alma, e incluso si se compraba un vehículo nuevo, que la Virgen lo bendijera.

Para la fiesta, el último domingo de abril, la cosa requería más enjundia, eran varios los camiones que con el remolque atestado de sillas, trasportaban a cientos de fraileros hasta el Cerro. Con sus horteras, que aquí son de latón para llevar las viandas al campo, mayoritariamente repletas de conejo frito o con tomate, amén del remojón que aliviaba el calor y el cansancio de tantas horas de viaje.

LA IMAGEN

Con la llegada a Frailes del párroco don Juan Carlos Córdoba Ramos, la devoción a la Virgen de la Cabeza alcanza sus mayores cotas. Son precisamente los cristianos del Barrio de San Antonio los que piden a Juan Carlos comprar una imagen para que esté en la ermita del barrio, y dicho y hecho, se pone manos a la obra y contacta con unos imagineros de Andújar, localidad de la que él es oriundo, los hermanos Expósito Cortés.

Juan Francisco y Santiago Expósito Cortés, son dos hermanos escultores, nacidos en Andújar, que después de sus estudios de Bellas Artes en Valencia y Sevilla, respectivamente, y de realizar diferentes trabajos en ambas provincias se han establecido en Andújar. Fundamentalmente se dedican a la escultura religiosa, imaginería.

Nos sorprenden estos artistas andujareños, al crear una réplica de nuestra Señora de la Cabeza que realmente sobrecoge por su belleza y gran parecido con la Reina de Sierra Morena. Se trata de una imagen en barro cocido y policromado. Ella dirige su mirada al cielo mientras en una mano sujeta a su Hijo que porta una bola del mundo. Su coste fue de 1.500 euros. La policromía es sencilla en rojo para el vestido y azul para el manto que esta orlado en oro. Se adorna con rostrillo y corona la Madre y el Hijo, así como la media luna a los pies. Luego se le añadió un manto; es en definitiva una réplica fiel de la imagen de Sierra Morena.

El 13 de Junio de 2012 en la placeta anexa a la ermita se bendijo la imagen con gran animación popular. Y desde ese día se guarda y custodia en el lado derecho de la nave enmarcada en un pequeño retablo que se compró en Horche, Guadalajara, simulando una hornacina en la que depositar tan preciado tesoro.

Allí es venerada y cuidada por los vecinos que acuden diariamente, y en navidad de manera especial, pues aquí donde jóvenes y mayores preparan el nacimiento de Jesús, rezando y cantando las tradicionales Jornadas. Novena para preparar la venida de Dios a la tierra en las que se cantan romances antiquísimos transmitidos oralmente.

Cuando llega el mes de mayo la Virgen se traslada a la iglesia de Santa Lucía en donde permanece unos quince días aproximadamente y luego es llevada nuevamente a su ermita; es la llamada Romería Chica, en la que el protagonismo principal lo tienen los más pequeños, que el día del traslado se visten de romeros a la nueva manera, es decir de flamencos; acompañan al cortejo las banderas de la hermandad de la Virgen de la Cabeza de la Hoya del Salobral, y en un ambiente festivo y de chiquillería es devuelta, en romería, la imagen de la Virgen, a su ermita de San Antonio. Son los vecinos los que se encargan de preparar un pequeño ágape para festejar la vuelta de la Virgen de la Cabeza a su ermita.

LA ERMITA

Antiguas son las noticias de la existencia de esta ermita, pues en los libros de actas del Archivo Histórico Municipal de Frailes nos informan que fue una mujer la que dio las vigas para la construcción de la capilla. Es la ermita de mayor tamaño de las tres que posee la localidad, y en la que el culto es más activo. En 1843 y teniendo en cuenta que el Ayuntamiento no tiene local en el que celebrar sus sesiones se propone la Ermita como lugar idóneo para celebrar el pleno. Pero antes hay que consultar al obispo-abad de Alcalá a fin de que conceda la licencia que corresponda y argumentan que de un tiempo a esta parte ya no se celebran misas ni cultos de ningún tipo en la citada ermita. Para desacralizar el recinto se trasladaran a la Iglesia de Santa Lucía, con toda decencia, los pocos santos e imágenes que allí se custodian. No todos los concejales se mostraron de acuerdo con esta medida.

A pesar de ello en 1855, el cura pide al Ayuntamiento licencia para mejorar y agrandar por los costados la ermita de San Antonio, pues había unos pedazos de terreno a ambos lados de la edificación que servían de muladar, con lo cual se mejoraría y mucho el apresto público. No se llevó a cabo la petición del párroco don Ildefonso Zamora, ya que dos años después será una viuda la que solicite esos dos pedazos de terreno a fin de ampliar sus casas que lindan con la ermita. Como don Ildefonso ya había muerto se le conceden a la peticionaria Josefa Serrano.

Y en 1869 el entonces párroco frailero, don Marcos Contreras, solicita al Ayuntamiento trasladar la campana que esta en el cementerio y colocarla en la iglesia o en su defecto en una espadaña en el ermita de san Antonio que era de donde procedía. No tiene eco la petición y 1875 nuevamente el párroco solicita la campana que estaba en el panteón y que ahora estaba en el Archivo Municipal, a fin de que, se pueda poner en la ermita de San Antonio, hasta que otra cosa se determine.

Esta ermita ha dado tanta identidad al barrio en el que se ubica que popularmente es llamado Barrio de San Antonio. Situada en la confluencia de las calles Rosario y San Antonio, su coqueta silueta se abre a nuestros ojos en estrecha fachada, rematada por una espadaña. Su campana suena cada vez que un devoto llega o se marcha. Recientemente (2012) se restauró la fachada y se colocó un azulejo que da color y rompe la monotonía de la plaquetas de piedra. El interior sorprende por su amplitud y decorado. Presidiendo la nave, el altar, en tonos ocres y dorados, y la imagen del santo casamentero por excelencia. El retablo, fue adquirido en 2008 a una casa de Valencia, siendo párroco Manuel Ángel Castillo Quintero.

La imagen del santo titular fue comprada al finalizar la Guerra Civil en agradecimiento de cuatro fraileros, conocidos como los cuatro “Antonios”, por haberse librado de ser fusilados. El santo lleva en sus manos un Niño, que llama la atención por su tamaño. El pequeño Jesús es antiguo y de talla y pertenecía a la imagen destruida. Una devota lo guardó durante la guerra y después se incorporó a la nueva. De ahí, la desproporción. El Niño porta un cesto, del que nadie recuerda ni quién ni cómo. En el muro del evangelio se abre una pequeña hornacina con la imagen de San Antón, monje del desierto, que había nacido en Egipto hacia el año 250. Es patrón de tejedores de cestos, fabricantes de pinceles, cementerios, carniceros, animales domésticos… En su fiesta de 17 de enero, los ganaderos le encienden lumbres, siguiendo las tradiciones arraigadas en Occidente, y como fruto del sincretismo de distintas formas religiosas.

Formando también parte del retablo se encuentra la antigua imagen de la Virgen de los Dolores, que se compró al finalizar la guerra civil y que se hallaba en la iglesia parroquial. Al adquirirse otra para aquel templo principal, ésta vino a parar aquí. Y una Virgen del Carmen.

Arquitectónicamente, la pieza más interesante es la sacristía, a la que se accede por una puerta camuflada en el retablo. Es una pequeña estancia de planta cuadrada, cubierta con bóveda vaída, iluminada por una ventana en el muro frontal, y a mayor altura que la pequeña nave que forma la capilla.

ESTAMPAS DE LA CRÓNICA

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