LA LEYENDA DEL BAILE DE LA PAVA

Cuenta la leyenda… En ese preciso momento nuestra imaginación vuela para recrear las palabras del narrador con tal realismo que nuestro yo interior se siente protagonista de ese trocito de historia, medio real, medio fantástica.

Necesitamos creer en lo divino, en lo imaginario, en lo supremo, necesitamos pensar que el lugar que nos vio nacer o donde vivimos es algo más que un punto insignificante en un mapa. Nuestra imaginación recrea situaciones inaccesibles en lo cotidiano, somos presa de nuestro afán por vivir más allá de la realidad presente y nos embarcamos en viajes imaginarios a través del tiempo, de la historia, por el sendero del pasado, recreando las vivencias que nos transmitieron nuestros antepasados a través de los relatos heredados, a través de las leyendas…

Estas leyendas, provistas de cierto halo de misterio y enigma, tienen un especial atractivo popular. Su origen lo encontramos en hechos a los que se han ido añadiendo, con el paso de los años y con el ingenio de sus narradores, matices épicos y apócrifos.

En unas ocasiones, fueron fruto de las tramas de los poderosos que creaban personajes míticos para el sometimiento del pueblo mediante el miedo a estos seres. En otras, aparecían como explicación a los terribles crímenes que se cometían para la salvaguarda de las buenas costumbres y tradiciones de la época. Fuera como fuese, las leyendas han llegado hasta nuestros días y debemos quedarnos con las moralejas que guardan para así no olvidar las lecciones que la historia nos da a través de estos relatos.

LA LEYENDA DE EL BAILE DE LA PAVA

De siempre se ha contado en la villa que en una ocasión dos amigos se apostaron si uno de ellos era capaz de hacerle bailar a una pava; pues de todos es sabido lo sosos y cautos que son estos animales, y lo difícil que sería hacer que bailara.

Pues bien, llegado el día convenido, ambos amigos quedaron en el lugar acordado

que no era otro que una tahona. Nos aventuramos a pensar que era el horno situado en la calle horno, pues en ella vivía el creador de la banda de música de Frailes, Antonio Murcia Garrido. Y en el lugar compareció uno de los apostantes con una pava y la banda de música. Seguidamente partió una nuez por la mitad y acopló cada una de las mitades a las patas del animal a modo de tacones, y situó a los músicos en la puerta del horno.

Hizo que tocaran una pieza musical y metió la pava en el horno. El animal se quemaba las patas y las subía y bajaba acompasadamente una y otra vez para evitar el calor; y de éste modo la música sonaba y sonaba y la pava bailaba y bailaba.

De esta manera la prueba fue superada y ganada la apuesta. Y cuando se quiere hacer alusión a lo listos e ingeniosos que son los fraileros, de dice que en Frailes se le hizo bailar a la pava.

 

 

Primitiva banda de música de Frailes con su director Antonio Murcia Garrido

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